El Mijo y la Ciguapa
Publicado por Juan T. Leon Ortega 
Parte II
Juan Tobías León Ortega
La Ciguapa, estremecida con el sonar de las aguas del Mijo, sintió en su pecho, un sentimiento como nunca antes. El sólo hecho de escuchar con atención desde la entrañas de un río cuyo caudal adormecía a cualquier que osara posarse en sus orillas, repletas de historias, repletas de hechos escalofriantes, repletas de bellezas envueltas en manglares de flores silvestres y de frescuras cristalinas.
-Lo comprendo señor Mijo. Dijo la Ciguapa cabizbaja y en un tono triste, observando muy pensativa la orilla del Mijo. El Mijo cabeceaba en forma de desacuerdo, como queriendo decir que era cierto, que todo aquel que se adentrara a sus dominios en los tiempos de la alta aguas, podría correr el riesgo de sucumbir. – Pero usted señor Mijo, es muy honesto, pues sientes hacer cosas buenas para poder evitar una tragedia, lamentablemente, escapa de sus buenos deseos. Continúa la Ciguapa, que ya comienza a pararse erguida, dejando relucir la forma desproporcional de sus jarretes, que con los rayos de la Luna, no escapaban al panorama de un diálogo a menos, amistoso y de honestidad, de dos seres de la mitología quisqueyana.
El paisaje se cernía en aroma verde, la manigua intensa armonizaba con los cocuyos conocidos como las ánimas voladoras del purgatorio con sus luces eflorescentes, el sonido de la chicharras y de grillos aumentaban a cada momento, con más intensidad. Los Lirios y los Cigarrones parecían dormir junto al elenco de las aves silvestres y de los demás habitantes de las orillas del Mijo, pero su aroma celeste, inspirando con sus perfumes al ambiente, dando sensación a un paraíso soñado. Los gigantescos árboles de Chácaros, de Baitoas, de Guácimas y de Jabillas, batían sus ramas con frescura divina, y a cada movimiento, rompían la armonía de la oscuridad de sus sombras inmensas, para abrirle paso a los rayos de una Luna coqueta, que al contemplar la silueta de la Ciguapa, proyectaba su iluminación en las orillas del Mijo.
-¿Qué le parecen esos vientos cuando sus grandes árboles de sus dominios baten las ramas? Le pregunta la Ciguapa sigilosamente al Mijo. – No me atrevería a decir que son llamados de Guabancex. Le recalca el Mijo a la Ciguapa. – Cuando Guabancex me da sus llamados, entonces si me pongo a la expectativa. Contesta el Mijo en forma excitada, y haciendo rugir sus rápidos cristalinos. – ¿Les gustan esos vientos amistosos entonces señor Mijo? Pregunta con curiosidad la Ciguapa, tratando de agarrar su hermosa cabellera que despeinaba al compás de la brisa. –Sí, estos vientos me recuerdan siempre momentos alegres. Continúa el Mijo. – En las mañanas, en las tardes y en las noches, todo me huele a frescura, me huela a vida armoniosa. Continúa el Mijo muy emocionado por la pregunta oportuna de la Ciguapa, que junto al Mijo reluce una sonrisa exquisita de su bella cara jovial. – Vienen a mis orillas las aves, los animales y aquellos humanoides que desean refrescar en mis aguas. Le dice el Mijo a la Ciguapa, que a cada momento luce más emocionada con la plática del Mijo. –Usted me emociona señor Mijo. Dice la Ciguapa, ahora sentada en un peñón cruzando las piernas y mostrando todo el esplendor de su belleza sin igual y de su larga cabellera que cae por todo su cuerpo como lienzos del Lino más refinado. – Usted también, bella Ciguapa, me inspira cuando converso con usted, bella mujer seductora. Continúa el Mijo. – Su belleza descontrola mi alma de río enamorado, su voz, su canto, son como llamados de los dioses, son los llamados del amor, del amor cristalino de mis aguas, de mis dominios, mirarla a usted, oh mujer divina, es como soñar con manjares en la Luna, es descubrir el sueño eterno de sus labios, es su figura un eterno soñar y soñar. La Ciguapa bajó la cabeza en forma pensativa, porque ya el Mijo desde el mismo comienzo de su encuentro, le había manifestado su profunda admiración a su belleza seductora. La Ciguapa, con un gesto inocente, y de ternura, le dice al Mijo: – Gracias señor Mijo, es usted un elegante caballero, que expresa con todo su honor, los sentimientos de su melancolía, de sus pesares, de su alma enamorada, de su amor inspirado, es usted pulcro y transparente como sus aguas cristalinas.-Continúa la Ciguapa- existe en usted la alta nobleza de un ser venido de los dioses, sus palabras son como arcoíris que pintan de múltiples colores, amores sublimes en el firmamento, y que eternizan la fe y la amistad y el buen deseo de amar y de ser amado.
Continuará………………….

